Estrés, buscando un punto óptimo

 

Andar irritable, mal genio, con dolor de espalda, de cuello y/o de cabeza. Tener dificultad para quedarse dormido o despertarse a media noche y no poder retomar el sueño. Contestar el fin de semana el celular y en vez de decir “aló” decir el nombre de la empresa, tomar medicamentos para dormir, pasar el fin de semana pensando cómo resolver un problema en el trabajo, son algunas de las señales que envía nuestro cuerpo cuando los niveles de estrés aumentan. Muchas veces, estas pasan desapercibidas o nos parecen totalmente “normales”, lo cual no debería extrañar, ya que el medio laboral hoy en día funciona con altos niveles de estrés y a veces incluso refuerza su mantenimiento.

El estrés repercute en la totalidad de la persona, afectando tanto su dimensión emocional, cognitiva, conductual y fisiológica como también el ámbito laboral, familiar, de pareja y social. Cuando el estrés se mantiene en un nivel excesivo se pueden generar alteraciones e incluso enfermedades que no sólo dañan a la persona, sino también a quienes la rodean. Es así como las familias y las organizaciones deben hacerse cargo de variados costos asociados al exceso de estrés.

En el mundo laboral genera aumento de licencias médicas, ausentismo y rotación del personal. Sabemos que estas situaciones implican costos, ya sea por recarga laboral de quien debe asumir las funciones de la persona ausente, o bien, el tiempo y energía que se debe invertir en apoyar a nuevas personas que vienen temporalmente a realizar un remplazo.

Paradojalmente, el estrés es pieza fundamental para tener un buen nivel de funcionamiento, desempeño y productividad. El estrés no es perjudicial, muy por el contrario, es positivo siempre y cuando se mantenga dentro de límites saludables.

El estrés es una tensión funcional que, dentro de ciertos niveles, nos permite estar atentos, concentrados, evaluando lo que va ocurriendo en el medio y explorando formas de responder a esas demandas y requerimientos ambientales, además de entregarnos la energía necesaria para accionar en el mundo. El estrés nos sostiene y nos activa. Nos permite alcanzar metas y objetivos.

El gran desafío es aprender a manejar el estrés dentro de estos límites saludables, de modo de poder cuidar de nuestra salud, a la vez que nos mantenemos activos y con buenos niveles de rendimiento y productividad.

Realizar este proceso de aprendizaje para llegar a autorregular los niveles de estrés de manera efectiva y eficiente, implica por una parte adquirir técnicas para manejarlo, llamadas comúnmente “de relajación” y junto con esto, lograr un nivel de contacto con uno mismo que permita aprender a reconocer distintos niveles de tensión y las señales particulares que nuestro cuerpo nos envía a cada uno. De este modo, es posible aprender a detectar el aumento o reducción de los niveles de estrés, y sobre todo el nivel óptimo particular de funcionamiento en el cual cada uno logra dar lo mejor de sí.